Los colores de un cuento

Ella lo llamó Cabeza de Jabalí, y en la hoja que dejó en cada asiento con un bonito dibujo de esta cabeza escondió un cuento de colores.

17.00 de la tarde, la señorita Rose abre las puertas al señor Lord Rupert Standish que se ha reunido en la residencia de su viejo amigo Sir William para tomar el té. La señorita Rose le sugiere esperar en uno de los salones del viejo palacete en el que Lord Standish no había estado todavía.

Sir William no tardará en bajar, se ha adormilado en su habitación en el sofá de terciopelo verde. Mientras, Lord Standish abrumado observa la amplia estancia del salón. Sabía que su amigo era aficionado a la caza pero nunca antes había visto las cabezas disecadas que yacen colgadas en las ostentosas paredes rojas.

Mientras su viejo amigo llega, imagina la escena en la que los animales fueron cazados. Entre los gamos, zorros, corzos, y cabras montesas destaca una cabeza de jabalí de generosas proporciones.

Lord Standish puede oír el eco de los ladridos de los podencos, Sir William y sus ilustres acompañantes a pesar de tener cargadas sus escopetas, disfrutan del paisaje y de la humedad de las verdes llanuras, respiran orgullosos y tranquilos como si estuviesen en soledad en lo alto de una colina. Como de costumbre van impecables, y totalmente equipados para desempeñar su deporte favorito. Con el comienzo del mes de Octubre y sus frías temperaturas, se han puesto sus chaquetas de Harrys-Tweed y sus pantalones de franela. Sir William ve a una perdiz despistada, opina que es una pena matarla y sigiloso despista a sus compañeros que tras las noticias de los mozos de servicio estaban centrados en buscar un par de jabalíes dignos de su escopeta. William lentamente les pierde el paso, sólo el estruendo de las balas interrumpe sus pensamientos y vaticina que a un pobre Jabalí le quedan escasos minutos de vida.

Los pasos de Sir Willliam al compás de su bastón devuelven a Lord Standish al salón que no deja de pensar en el desafortunado final de ese jabalí.

Ixone Elzo presentó una colección de cuento en la pasada edición de MBFWM. Colores plastidecor que se escapan de los tonos estándar  que albergan el armario de un hombre.

Pero a pesar del colorido; chillón y en bloque, las prendas me resultaron tremendamente elegantes.

Igual es que en mis sueños las historias se siguen pareciendo a las que me imaginaba en mi infancia y los príncipes protagonistas se parecen mucho a los que aparecieron esa tarde de sábado en la pasarela.

Me gustaron las bufandas con eslabones dorados al final y los zapatos ¡Mucho!

Y claro, cualquiera de mis amigos diría que esas prendas no son para la vida real. Y aparecería de nuevo la mítica conversación sobre la lejanía de las pasarelas y la calle.

Y como dice mi amiga P.  las pasarelas son (o deben ser) manifiestos de 6 meses; declaraciones de intenciones.

¿y por que no apostar por algo que no sea el dichoso color gris crisis?

Gracias a @vicentehidalgo por acompañarme al desfile y hacer estas fantásticas fotos.

Más, más fotos en nuestro albúm de fb!

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3 comentarios en “Los colores de un cuento

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