¿Qué pasa en la nave 16?

La visita de la delgada línea rosa a la Red Bull Music Academy

por Marina Pereda Sancho

En la cafetería se mezclan los idiomas, las razas, los sabores, las conversaciones… podría estar en cualquier cafetería de cualquier escuela de cualquier país. Hasta que un tipo se levanta a por un tenedor y un cuchillo, camina con ellos en la mano y comienza a chocarlos, sacando de unos vulgares cubiertos un ritmo increíble, totalmente improvisado y que parece no costarle demasiado esfuerzo. Entonces caigo en la cuenta de que estoy en la cafetería de la Red Bull Music Academy

Los participantes de esta escuela itinerante, que este año ha parado en la nave 16 del Matadero de Madrid, tienen una única cosa en la cabeza: música. Por eso, en la cafetería de la RBMA se mezclan, sobre todo, ideas, proyectos e inspiración. El entorno no podía ser más adecuado. Los estudios están diseñados como casetas pequeñas pero muy amplias y agradables donde se puede trabajar con tranquilidad. En las paredes, obras de artistas plásticos locales, en un intento de aunar las diferentes manifestaciones artísticas.

La RBMA nació en 1998 como un proyecto para ayudar a jóvenes músicos en su proceso creativo con talleres y conciertos. Los artistas seleccionados, que no llegan a los 30 años, pasan quince días en una ciudad del mundo aprendiendo de grandes maestros de la historia de la música y realizando colaboraciones entre ellos. Más que una escuela, la RBMA es un laboratorio de música. La matrícula, el alojamiento, los instrumentos… todo corre a cuenta de la RBMA. “Como está organizado por una multinacional, hay gente que no se fía, pero no tiene ninguna pega. Yo no conozco nada parecido a esto”, dice Nehuen Mac Allister, un argentino afincado en Barcelona que ha participado en esta edición de la RBMA.

La mayoría, como Nehuen, pertenecen al mundo de la electrónica, pero se intenta ampliar cada vez más el espectro de géneros musicales. Entrar en la Academy es un proceso largo y complicado, solo entran los mejores. “Hay más de 4.000 personas para 600 plazas y tienes que pasar un formulario durísimo, con muchas preguntas muy personales”. Para Nehuen, lo mejor ha sido poder conocer a otros músicos y trabajar con ellos. “Bueno, y el momento del cigarro, que nadie lo menciona nunca, pero que es donde más aprendes, porque estás relajado y hablando con la gente… es lo mejor, aunque no seas fumador”.

Hacia las doce del mediodía, Bootsy Collins  aparece en el salón de la RBMA con una chistera enorme, vestido de rojo y sonriendo a todo el mundo. La sesión duró tres horas. Hubo momentos para el recuerdo, tributos a James Brown y Jimmy Hendrix, improvisación, consejos y anécdotas.

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4 comentarios en “¿Qué pasa en la nave 16?

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